El expositor adquiere los tickets de comida para su personal. Cada persona los lleva en su propio teléfono y los canjea en el restaurante del evento. Sin papeles, sin listas y sin discusiones en la fila.
Los tickets de papel se pierden, se prestan y se falsifican. Y al final del evento nadie logra cuadrar la cuenta con el restaurante.
Se extravían, se mojan, se prestan entre personas y no hay forma de saber quién consumió qué.
Todo el evento almuerza a la misma hora y la validación manual convierte la entrega en un cuello de botella.
El restaurante dice una cifra, el organizador otra y el expositor no sabe cuánto consumió realmente su equipo.
Tres pasos, y el tercero toma unos segundos en el mostrador.
La empresa expositora adquiere los tickets digitales que necesita para su personal durante el evento.
Cada persona abre el enlace desde su propio teléfono, se toma una foto y queda lista. La aplicación se instala ahí mismo.
En el punto de entrega, la persona abre su aplicación, muestra el ticket del día y recibe su comida.
Miles de comidas en tres horas, con teléfonos de todo tipo y una señal que no siempre acompaña.
Se instala directamente desde el enlace, sin buscar nada en ninguna tienda ni ocupar espacio.
La identidad de cada persona queda unida a su ticket, así que no se presta ni se duplica.
Desayuno, almuerzo, cena o lo que ofrezca el restaurante contratado, asignado al día que corresponde.
Un restaurante o varios, en distintos pabellones. El personal canjea donde le quede más cerca.
Cuántos tickets compró cada expositor y cuántos consumió realmente su equipo. Sin discusiones al cierre.
¿Se borró la aplicación o cambió de teléfono? En el punto de entrega se genera un enlace nuevo en diez segundos.
El expositor controla su gasto, el organizador ofrece un servicio más y el restaurante trabaja tranquilo.
Cuéntenos cuántos expositores participan y cómo funciona hoy la comida en su recinto. Le mostramos Mi Jama en acción.
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